Para Karina las barreras son mentales y no físicas
23 marzo, 2012Como ella, hay
unas 80 personas
con discapacidad
que reciben terapia
en el centro especial
“Senderos de Alegría”.
LOJA.- Los niños con Síndrome de Down celebraron su día en medio de variados festejos que motivaron la reflexión de quienes están a su cuidado. América Soto, es madre de Karina Espinoza, de 20 años. Nunca imaginó que su hija nacería con este trastorno genético, sin embargo asumió la responsabilidad de cuidarla con amor, desechando por completo aquel mito popular de que “recibió un castigo de Dios”.
Al principio fue difícil para Doña América asumir esta prueba, sobre todo porque su esposo rechazaba la condición de su hija y las abandonó. Esto no detuvo a América que, motivada por el amor a su hija, decidió inscribirla en un centro educativo especial, a los 3 años.
Conocía que Karina no se recuperaría pero sus esfuerzos estuvieron encaminados a hacer que la vida de su niña sea de calidad. Una tarea complicada sobre todo por los escasos recursos económicos de los que disponía. Aún así, América continuó laborando como empleada doméstica y durante su faena llevaba consigo a su pequeña, que la acompañó por algunos años.
Karina, con Síndrome de Down, a pesar de tener 20 años de edad, tiene la contextura física de una niña de 13. Esto no es impedimento para que ella se desenvuelva de manera normal en su hogar. Es más, Karina ayuda a su madre en las tareas del hogar: arregla su cama y lava su ropa, colabora en la cocina y en las tardes asiste a las terapias de rehabilitación física, psicomotricidad, lenguaje, estimulación temprana, hipoterapia, terapia ocupacional y musicoterapia; actividades de las que participa en el Centro de Rehabilitación Municipal de Niños con Capacidades Diferentes “Senderos de Alegría”. A este centro asisten unos 80 niños, niñas y jóvenes que sufren de problemas de discapacidad.
Doña América anhela que su hija se superarse en otros ámbitos como los demás niños con Síndrome de Down. “Como a ella le gusta la música, me gustaría que aprende a ejecutar algún instrumento”, dice. La limitante para ella es el factor económico, sin embargo está agradecida con algunas instituciones que la han proporcionado a su niña becas y exoneraciones.
Aún así, en Loja este sector vulnerable de la sociedad no ha podido ser del todo atendido, dice Josefina Grande, madre de familia quien sostiene que en Loja hay centros especiales de atención para discapacitados pero no son suficientes. Para ella lo más importante es que logre fomentar la inclusión laboral y el derecho a la educación gratuita de las personas con discapacidad. (NSM)